Reseñas históricas del Real Consejo de las Ordenes Militares

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Forzosamente hemos de comenzar rememorando las causas del nacimiento de estas Congregaciones Religiosas que se transformaron durante el medievo en Europa, en Ordenes Militares, y que como muy bien nos dice el ilustre tratadista militar Conde de Clonard, fueron el principio y fundamento de la Caballería, y contribuyeron poderosamente a contener al Islam, que trataba de comprimir a Europa por Oriente y por Occidente.

CLUNY

Durante la Edad Media, se producen dos grandes reformas en las Ordenes Monásticas Benedictinas y estas son la reforma Cluniacense, y a la posterior reforma Cisterciense.

La nueva regla del Monasterio que fundó el abad Bernon el 11 de septiembre del año del Señor del 910, bajo los auspicios del Duque de Aquitania, y en la pequeña aldea de Cluny, no tenía en principio nada original, ya que se trataba de establecer en todo su rigor, la vieja regla de San Benito. Como principal innovación tratan de cambiar el equilibrio que tenía el monje, mediante el ORA ET LABORA, es decir la oración y el trabajo, imponiendo en su lugar, el silencio y la solemnidad en los cantos litúrgicos.

El cultivo del campo, se encomendará a colonos y siervos, y si bien el trabajo intelectual subsiste, la regla no lo recomienda de forma especial, dejando bien claro que el ideal monástico se obtiene buscando la perfección evangélica en la huida del mundo.

Hasta la llegada de esta reforma, no existía ningún tipo de coordinación en el desarrollo monástico, y cada Monasterio interpretaba las reglas a su modo. Será a partir de ahora cuando Cluny impondrá una vigilancia estricta sobre las demás fundaciones, y su Abad será frecuente visitador de los Monasterios de su influencia.

Otra faceta nueva que se introduce es la independencia monástica, para lo cual solo la Santa Sede, puede intervenir en los destinos de la Orden, sin injerencias de ningún tipo, ya sean de los Obispos de las diócesis, o del Estado.

Ha nacido por tanto una Orden Religiosa, que es la primera en la vida de la Iglesia. El desarrollo que adquiere por los reinos cristianos, es enorme, a lo cual contribuyen la gran capacidad organizativa de los primeros abades, el gran atractivo que suponía la no injerencia de poderes laicos, el apoyo de la Santa Sede, y el gozar de una situación estratégica en el mismo corazón de Europa.

EL CISTER

Hacia fines del siglo XI, Cluny tenía esparcidos por Europa cerca de diez mil monjes en numerosos monasterios. En algunos de estos existía gran opulencia y tenían grandes posesiones. Los monjes habían aceptado cargos importantes incluso el Papado, y de hecho ejercían gran influencia sobre Reyes y Emperadores cristianos.

Ante esta situación, hubo grandes intentos de reforma con predicadores que se retiraron a lugares solitarios a instituir congregaciones benedictinas para observar una regla más rigurosa.

Uno de estos monjes fue Roberto de Molesne, prior de Saint Ayoul, que con trece compañeros, eligió un lugar cercano a Dijon denominado Citeaux, dicho en latín Cistercium, para erigir un nuevo monasterio en el año 1098.

Unos años más tarde ingresa en Citeaux, el noble borgoñés Bernardo de Pontaines que junto con treinta caballeros habían decidido abrazar la vida monástico. Esta nueva reforma se estabiliza y comienza a difundirse. En 1115 este monje que llegaría a ser San Bernardo, fundó en Clairvaux, el castellanizado Claraval, un nuevo monasterio del cual seria su abad hasta su muerte.

En esta misma época son fundados los monasterios de Morimond el de La Ferté, y el de Pontigny, todos ellos cabezas de esta nueva Orden. La difusión es tan rápida que a mediados del siglo XII existían en Europa cerca de 200 abadías.

Por directa influencia de San Bernardo, la reforma cisterciense penetra en España, y desde el Monasterio de Morimond esta se difunde por Navarra, Aragón y Cataluña. En 1140 el Rey Alfonso VII ofrece al abad de L’Escaladieu una donación territorial y se establece el monasterio de Fitero.

Desde el principio esta reforma impone de nuevo el trabajo en la vida de los monjes y restaura la autonomía básica de los antiguos monasterios, con el fin de evitar la supremacía política que tenía Cluny, y para ello se reparten las áreas de influencia de cada monasterio matriz.

Como prueba de ello tendremos en la península que mientras en el Noroeste incluyendo a Portugal, los monasterios son afiliados a Claraval, en las regiones del Norte y Centro lo están con Morimond.

Se eligen territorios recién conquistados al Islam, y sin colonizar para la construcción de nuevos monasterios, con diferencia bien clara con los cluniacenses que estaban asentados principalmente en los Pirineos.

En lo referente a la espiritualidad se puede decir que el Císter se reafirma en la tradición cluniacense y continúa en la devoción a la humanidad de Cristo y en la veneración a la Virgen, impulsada principalmente por San Bernardo, de la que es su devoto por antonomasia, como muestran los grandes versos que le dedicó.

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