Orden de Alcantara. Reseñas Históricas.

El voto de la Inmaculada Concepción en la Orden de Alcantara

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Desde sus orígenes, la se sintió como una institución religioso-militar de filiación cisterciense profundamente vinculada a los monjes blancos de San Bernardo, que fueron su punto de referencia durante toda la época medieval. Dicha dependencia fue tan estrecha que los alcantarinos se consideraron hijos de dicha orden monástica y, por consiguiente, verdaderos miembros de la orden de Cîteaux.

Siempre tuvo un marcado espíritu mariano especialmente desde el siglo XIII en la advocación de la Virgen de Santa María de Almócovar, presente en la Iglesia Mayor o “convento de arriba” y hacia Santa María de los Hitos, a la que se le hizo una ermita y posteriormente un convento.

Según Barrantes Maldonado,

“…Los freyles solían dezir las horas en el combento arriba en lo alto, donde está sepultado el Maestre Don Suero Martínez, con las ocho flores de lis por armas, y después el Maestre Don Gutierre de Sotomayor hizo aquella yglesia honda con las sillas de cantería, y en tanto que la hazía mandó salir los freyles y el prior a la yglesia combentual de Santa María de Almocóbar, donde se quedaron hasta que se le hizo el convento cabe Santa María de los Hitos, que nunca tornaron a la fortaleza…”

En el Capítulo General de la Orden de Alcántara, que se celebró esta vez desde el día 9 de diciembre de 1497 hasta el 15 de enero de 1498 en la villa de Alcalá de Henares, fueron nombrados por Visitadores Generales frey Nicolás de Ovando, comendador de Lares, y frey García Alvarez de Toledo, comendador de las Casas de Coria. Aunque la cédula de los Reyes Católicos dirigida al Prior del convento de Alcántara fue dada en la villa de Alcalá de Henares el 9 de abril de 1498, no fue hasta el 21 de marzo de 1499 en que comenzaron su visitación en la villa de Alcántara, días después de procederse a la ceremonia protocolaria de poner la primera piedra del nuevo convento en las afueras de la villa, próximo a la ermita de Nuestra Señora de los Hitos. Visitaron la iglesia de Santa María de Almocóvar, sus ornamentos, rentas y posesiones; el Arciprestazgo de Alcántara y las capellanías de la iglesia conventual; Iglesia parroquial de Santa María de dentro de la villa; beneficio curado de dicha iglesia; Iglesia y hospital de Sancti Spiritus; ermita de Santa María de los Hitos y el Concejo de la villa de Alcántara.

La espiritualidad cisterciense según la regla benedictina, acentuaba la austeridad de vida, la humildad, la pobreza, y la abnegación, teniendo una especial devoción por la santísima humanidad de Cristo y por su Madre, cuya humildad y virginidad atraían tanto a San Bernardo (A San Bernardo se le deben las últimas palabras de la Salve: “Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María”). A pesar de ser el Santo quizá más devoto de María, por  su probadísima entrega a Ella, habiendo llegado a sus oídos que los monjes de Lyón, en 1140, introdujeron la fiesta de la Inmaculada, el Santo Abad les escribió una carta, reprobando lo que él llamó una innovación «ignorada de la Iglesia, no aprobada por la razón y desconocida de la tradición antigua».

Los caballeros de las Ordenes de Calatrava, Alcántara y Montesa, al adoptar la regla del cister se sometían a los tres votos de Obediencia, Pobreza y Castidad. Con el tiempo estos votos se fueron relajando e incluso relegando. Por ello en 1652, bajo el Maestrazgo de Felipe IV, las ordenes españolas tomaron un voto nuevo: el de defender la Doctrina de la Inmaculada Concepción. Esta fue la última manifestación de espíritu religioso en estas órdenes.

Los Caballeros de Alcántara hacen el  2 de febrero de 1653 el siguiente juramento y voto: “De común acuerdo, postrados de rodillas, derramando nuestros corazones en afectos tiernos de servir a la Virgen, juramos y votamos sobre los cuatro santo Evangelios y a la Santa  Cruz que ahora y siempre asentiremos, afirmaremos, profesaremos y defenderemos que la Virgen Santísima Maria, Madre de Dios y Señora nuestra, en el instante de su animación natural no tuvo mancha de pecado original en su Purísima y candidísima alma; por haber estado prevenida y preservada en el instante que el alma se unió al cuerpo con la gracia habitual santificante que la poderosa mano de Dios Omnipotente le infundió por virtud de los merecimientos de la pasión y muerte de Cristo nuestro Señor.

La iglesia inconclusa dentro del conventual de San Benito de Alcántara, del siglo XVI, está unida al ala meridional del claustro y fue construida con posterioridad a la casi totalidad de todo el convento. Sobre la puerta, en piedra de sillería del arco, tiene la siguiente inscripción “ESTE TEMPLO Y CONVENTO ES DEDICADO AL CONCEPTION DE NVESTRA SEÑORA”.

El 8 de Diciembre de 1854, el Papa Pio IX, declara el dogma de la Inmaculada Concepción con estas palabras: “Declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles“.

Al alcanzar la categoría de dogma cobra mayor importancia aún para los caballeros el Voto de la Inmaculada Concepción, teniendo toda su vigencia en la actualidad.

La filiación cisterciense de la Orden del Pereiro-Alcántara desde sus orígenes hasta el  siglo XVI.
LUIS CORRAL VAL – Doctor en Historia Medieval – (Univ. Complutense)
B.N.E. Mss.- 17996 Noticias de Alcántara escritas por Pedro Barrantes Maldonado. Opus cit. – Fol 47 v.
Visitación de la Villa de Alcántara por Frey Nicolás de Ovando y Frey García – Álvarez de Toledo en el año 1499 JOSÉ MARÍA LÓPEZ DE ZUAZO Y ALGAR
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