Antecedentes históricos Archives - Página 2 de 2 - Órdenes de Caballería de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa

Reseñas históricas

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La Orden de Caballería  de Santiago tiene su principio en España de forma imprecisa durante la Edad Media.  Se tienen noticias que sus orígenes son mucho anteriores a su Confirmación en 1175. Existe la tradición de que la Orden se remonta al reinado de Don Ramiro I de Asturias, vencedor de la batalla de Clavijo en el año 844. Las antiguas crónicas mencionan que tenía Maestre y Comendadores en el reinado de Fernando I de Castilla y León en el año de 1030.

Aparte de lo anterior, la historiografía moderna  refleja ya sin duda que la Orden de Santiago se funda en 1170 en el Reinado de Fernando II de León,  el cual habiendo ganado la ciudad de Cáceres se la entrega a Don Pedro Fernández  de Fuentencalada y  a un grupo de Caballeros dando lugar a los Fratres de Cáceres.

En el reinado de D. Alfonso IX  de León la Orden fue Confirmada por el Papa Alejandro III por Bula de 5 de julio 1175. Sus funciones fueron defender las fronteras de la cristiandad, proteger a los peregrinos y su asistencia hospitalaria,  para ello tomó como propia la regla de San Agustín.

La Orden de Santiago participó activamente en la reconquista peninsular junto a las otras Órdenes españolas y se destacó en las batallas de Alarcos, Las Navas de Tolosa, la Conquista de Jerez, Córdoba, Úbeda, Sevilla y finalmente la toma de Granada.

Terminada su función reconquistadora, una vez incorporados los maestrazgos a la Corona, la Orden  pierde muchas de sus atribuciones militares, alcanzando  su máximo esplendor en los siglos sucesivos como parte del sistema premial español.

Los principales núcleos de la Orden estaban situados en la Mancha, en las actuales provincias de Cuenca y Albacete, y en Extremadura, en el  centro de la actual provincia de Badajoz. Además poseía innumerables territorios por toda la península.

Los fines de la Orden hoy son idénticos a los fundacionales: La Santificación Personal, El Culto Divino y La Defensa de la Fe. Se han añadido recientemente por sugerencia del Obispo-Prior los fines Histórico-Cultural y Benéfico-Social. En la actualidad la Orden de Santiago desarrolla sus actividades con forma legal de  Asociación Civil y  como Corporación Nobiliaria.

Actuación de las Ordenes Militares desde el siglo XIX hasta nuestros dias

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El período que abarca desde el siglo XIX hasta nuestros días nos encontramos que las Ordenes Militares, son declaradas por tres veces a extinguir, y otras tantas resurgirán de sus cenizas.

En 1812 las Cortes de Cádiz, legalizaron la incorporación al Estado, de los bienes de las Comunidades Religiosas y de Ordenes Militares extinguidas por el Rey José Bonaparte, pero a llegar al trono el Rey Don Fernando VII, las restaura de nuevo.

Las leyes de desamortización (1835-1841) de Mendizábal, suprimen, todas los bienes raíces de la Iglesia, por lo cual se rompen las relaciones con la Santa Sede. En el Reinado de S. M. Isabel II, al restablecerse las relaciones, y mediante un Concordato se concentran por medio de una permuta, las jurisdicciones que le quedaban a las Ordenes Militares en el Priorato de las Ordenes Militares, en la Provincia de Ciudad Real que se denominó Coto Redondo.

La primera república declara por decreto de 9 de mayo de 1873, la segunda extinción de las Ordenes, y con la venida de S.M. el Rey Don Alfonso XII, se restauran de nuevo y se lleva a cabo la realización del Priorato.

Especial relevancia da a las Ordenes Militares S.M. el Rey Don Alfonso XIII, que honraba con su asistencia a los actos que celebran las Ordenes, y sobre su uniforme siempre llevaba las veneras de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa que como Gran Maestre que era le correspondía, como prueba de ello conservamos el uniforme de las ordenes que llevó al baile de Palacio el día de su casamiento.

Para la Orden de Montesa les reserva un recuerdo especial, ya que dispone el 12 de abril de 1915, que la Orden use en sus hábitos la cruz primitiva negra flordelisada, llevando en el centro la cruz roja llana de San Jorge.

La segunda república, por decreto de 29 de abril de 1931, provoca la tercera extinción si bien por otro decreto de 5 de agosto del mismo año, se dispone que pueden seguir ejerciendo con carácter de asociación.

La ausencia de la Monarquía en España es causa de que no puedan admitirse caballeros en la Ordenes Militares, y por este motivo están de nuevo al borde de la extinción por falta de renovación natural.

Con la subida al trono de S. M el Rey D. Juan Carlos I, y bajo el impulso y dirección de S.A.R. el Conde de Barcelona como Decano Presidente del Real Consejo de Ordenes Militares, estas cobran nueva vida y proyección para el futuro. Se acogen de nuevo como corporaciones asociativas e inscritas en el Ministerio del Interior, y de conformidad con la legislación vigente, se le conceden nuevos estatutos.

Se mantienen los fines históricos desde su fundación como son la Santificación Personal, el Culto Divino y la Defensa de la Fe y se le añaden dos más por indicación del obispo de Ciudad Real y Prior de las ordenes Militares Monseñor Don Rafael Torija de la Fuente, y que son el Benéfico Social y el Histórico Cultural.

Comienza de nuevo la admisión y Cruzamiento de nuevos Caballeros, y se empiezan a revivir los actos y Ceremonias Religiosas.

El 23 de diciembre de 1986, continuando con la tradición de pertenecer a la orden de Santiago los primogénitos a la Corona, es armado Caballero en dicha Orden S.A.R. el Príncipe de Asturias. En la Capilla del Palacio Real tiene lugar el Cruzamiento y la Profesión.

En estos últimos años se han renaudado la asistencia a las celebraciones del Corpus Christi en Ciudad Real y en Sevilla, así como la tradicional ofrenda al Apóstol Santiago, en la ciudad Compostelana. También se iniciaron otras de carácter extraordinario todas ellas presididas por S.A.R. el Conde de Barcelona, de tan grato recuerdo para todos los Caballeros, entre las que destacamos las siguientes:

En noviembre de 1987, se celebra con gran solemnidad y participación, el octavo centenario de la incorporación de la Orden de Calatrava al Císter.

En junio de 1988, y con motivo de los 770 años de la nueva denominación de la Orden de Alcántara, se inaugura la restauración de la Iglesia de la Concepción Real de Alcántara del Sacro y Real Convento, y tras la solemne ceremonia Religiosa se efectúan profesiones de caballeros Alcantarinos.

En octubre de 1989, se celebran en la Ciudad de Valencia, y en la villa de Montesa, los actos de conmemoración del VII centenario de la fundación de la villa de Montesa, donde se cruzan nuevos Caballeros Montesianos.

El 9 de junio de 1990, en el Monasterio de Uclés, se celebra el octavo centenario de la donación del Castillo y villa de Uclés a la Orden de Santiago, y se efectúa un Cruzamiento de Caballeros Santiaguistas, al que asiste por primera vez a un Capítulo S.A.R el Principie de Asturias, como Comendador Mayor de Castilla. De este acto recordamos con emoción las palabras que S.A.R. el Principie Don Felipe nos dirigió, en la que exhorta a sus hermanos Caballeros «A cumplir fielmente sus votos para el bien de la Patria, de las Ordenes y de los Españoles y muy especialmente con miras a dos retos que hoy hemos de tener muy presentes y que nunca nos han sido ajenos; Europa y la América del siglo XXI, quinientos años después de su descubrimiento. Las Ordenes que protegieron y albergaron a los peregrinos del Camino de Santiago y cuya presencia en el Continente Americano es de todos conocida, no debe quedar fuera de esos dos objetivos.»

Al producirse el fallecimiento de S.A.R. el Conde de Barcelona el día 1 de abril de 1993, S.M. El Rey Don Juan Carlos I nombra Presidente del Real Consejo a S.A.R. el Serenísimo Señor Don Carlos de Borbón-Dos Sicilias, Infante de España, y Comendador Mayor de Alcántara, el cual representa a S.M. el Rey en el funeral por el Augusto Señor Conde de Barcelona que se celebra en la Catedral Prioral de Ciudad Real y cuya Eucaristía la preside Nuestro obispo Prior Don Rafael Torija de la Fuente, a la cual asisten un centenar de Caballeros.

El Real Consejo ha sido recibido en Audiencia  por Su Majestad El Rey en diferentes ocasiones, en todas ellas su Presidente S.A.R. El Infante Don Carlos ha expresado el enorme agradecimiento del Consejo, haciéndole llegar el profundo sentimiento de respeto, lealtad y servicio a la Corona de España de los Caballeros de las Ordenes Militares.

El 22 de Abril de 2002,  S. M. El Rey  Don Juan Carlos I, Gran Maestre de las Ordenes de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, presidió en el Palacio Real de Madrid, la sesión del Real Consejo.

Actuación del Ordenes Militares en los siglos del XVI al XVIII

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A principios del siglo XVII, la situación bélica en España la podemos sintetizar, como en un enorme esfuerzo que se ha de ejercer en la defensa de todo un Imperio.

Los Ejércitos se han ido transformando, con un gran desarrollo de las armas de fuego, y en Europa el Arma de Infantería Española es considerada como una de las más eficaces.

Este Ejército se hace cada vez más profesional, y al haber desaparecido las guerras con el Islam, nos encontramos con un declive, en el aspecto combatiente que tenían las Ordenes Militares como tales.

Estas mantienen su actividad, administrando sus posesiones y rentas. En el aspecto religioso continúan con sus conventos y monasterios, y debido a la Bula del casar, los caballeros se van integrando cada vez más en la sociedad dentro de su estado.

El espíritu de milicia que tenían las Ordenes se mantiene vivo, ya que muchos de sus caballeros ingresan en los Reales Ejércitos sirviendo como Oficiales, como prueba de ello basta con visitar nuestros principales museos como el del Prado, el del Ejército o el Naval y contemplar a ilustres militares y marinos, con las veneras de su orden en el pecho de sus uniformes.

En altos cargos de responsabilidad para el Estado, los Reyes siempre otorgaron su confianza, a Caballeros de las Ordenes Militares. El Descubrimiento del Nuevo Mundo supone el inicio de una serie de nombramientos para su gobierno y administración, que comienzan con el relevo de Cristóbal Colón en Indias en la persona del Comendador de Calatrava Don Francisco de Bobadilla, si bien es cierto que su actuación no resulta afortunada, cuando surgen problemas difíciles, los Reyes Católicos designan Gobernador de Nueva España, al Comendador de Lares de la Orden de Alcántara Frey Nicolás de Ovando. La Real provisión es dada en Granada el 3 de septiembre de 1501.

Estos serán los primeros jalones que van a mostrar a través de tres siglos la presencia de caballeros de las Ordenes en la Historia de España en América.

Para ello debe bastarnos con repasar la lista de los Virreyes de Nueva España y la del Perú, así como los Jefes militares que desarrollaron su carrera militar en América.

La Caballería Española de los Borbones mantiene el espíritu de las Ordenes Militares y así con la reforma que emprende el Rey Don Felipe V, en 1706 se crea el Regimiento de Santiago y el de Calatrava, en 1715 se funda el de Ordenes nuevo, cuyo primer Coronel es el Duque de Aveyro y que en 1715 se refunde con el de Montesa. En 1718 se establece el de Alcántara.

A estos Regimientos han pertenecido numerosos oficiales que profesaron en las Ordenes, costumbre que se extendió por las diferentes Armas y Cuerpos.

El Real Consejo de las Ordenes Militares

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Los Reyes Católicos, con el fin de robustecer el Estado, albergaban la idea de eliminar el poder temporal, que de hecho tenían Ordenes Militares por todo el territorio nacional, y para ello aprovecharon la coyuntura que existía en la Orden de Santiago con el cisma producido entre Don Alonso de Cárdenas y Don Rodrigo Manrique por hacerse con el Maestrazgo, y en la de Alcántara, por la misma causa ejercían luchas intestinas Don Juan de Zúñiga y el Clavero Don Alonso de Monroy

Cuando muere el Maestre de Calatrava Frey Don García López de Padilla en 1487, interceden los Reyes a S.S. el Papa para que les nombre administradores de la orden, cosa que accede Inocencio VIII mediante Bula en 1488. Además se incorporan a la Corona de Castilla, si bien de forma temporal y mientras vivan los Reyes, las Ordenes de Santiago en 1494 y posteriormente la de Alcántara en 1499.

La incorporación de estos tres Maestrazgos supuso a la Corona, unos inmensos territorios, y tener que intervenir de forma directa en los asuntos administrativos e internos de las Ordenes, tales como aprobación de expedientes personales, pruebas de nobleza, concesión de hábitos y encomiendas etc., para lo cual se creó el Real Consejo de las Ordenes, si bien no se conoce la fecha exacta de su fundación.

A la muerte del décimo Maestre Frey Don Felipe Vivas de Cañamás y Boyl, los Reyes quisieron incorporar la Orden de Montesa a la Corona, y así lo solicitaron al Papa, y comunicaron a los Caballeros y clérigos de Montesa que no erigiesen nuevo Maestre. No vieron los Montesianos con agrado esta proposición Real, y acordaron enviar como embajador ante el Rey Don Fernando, a Frey Don Francisco Bernardo Despuig para explicar el sentir de la Orden, y escribieron al Papa para que les autorizase a designar libremente a su Maestre.

Resolvió S.S. Alejandro VI favorablemente a los deseos de la orden, y esta eligió como undécimo Maestre a Frey Don Francisco Sanz, que tuvo tal acierto en regir la Orden que obtuvo el sobrenombre del Buen Maestre.

Se tardaría cerca de cien años, para que el Maestrazgo de Montesa se integrase a la Corona, mientras que por Bula de S.S. el Papa Adriano VI de 4 de mayo de 1523, reinando en España S.M. Don Carlos I, se incorporan definitivamente a la Corona de Castilla las Ordenes Militares de Santiago, Calatrava y Alcántara.

El decimocuarto y último Maestre que tuvo la Orden de Montesa fue Frey Don Pedro Luis Garcerán de Borja, que era hijo de los Duques de Gandía. Contaba solamente 16 años de edad y era Comendador Mayor para lo cual contaba licencia Papal.

En la elección hubo serias discordias, dividiéndose la orden en dos bandos, ya que Frey Don Onofre Gerau Bou, había sido elegido por otros. Este contencioso que duró más de un año, lo resolvió el Papa Pablo III, a favor de Frey Don Pedro Luis Garcerán de Borja, dispensándolo por la edad y confirmándolo en el Maestrazgo.

Para poder contraer matrimonio con Doña Leonor Manuel de Portugal, Marquesa de Navarrés, hizo uso de la Bula del casar que el Papa había concedido a la orden de Calatrava en 1540.

Esta boda dio origen a muchas disputas acerca de su validez, ya que muchos opinaban que el Maestre hizo voto de castidad al tomar el Maestrazgo, porque en Montesa todavía se hacía este voto, hasta que el Capítulo General que celebra la Orden en 1583, y de acuerdo con las antiguas definiciones de Calatrava, se hace extensión para Montesa, la Bula del Papa Pablo III para poder casar, para lo cual debe obtenerse autorización del Maestre.

El Rey Don Felipe II nombró al Maestre Virrey de Túnez y de Tremecán, donde permaneció varios años, distinguiéndose con muchos de los caballeros que le acompañaron en las luchas contra los moros.

A su vuelta quiso dejar el Maestrazgo a su octavo hijo Don Juan, el cual a sus 23 años era el Comendador Mayor. Como la orden se opuso a sus deseos, se enojó enormemente, y por despecho ofreció el Maestrazgo al Rey Don Felipe II, cosa que fue del agrado del Rey el cual lo solicitó al Papa Sixto V, y este mediante la Bula de 15 de marzo de 1587 une e incorpora perpetuamente a la Corona Real de Aragón la Orden Militar de Santa María de Montesa y de San Jorge de Alfama.

El Rey Don Felipe II, permitió a Frey Don Pedro Garcerán de Borja, ostentar el título de Maestre hasta su muerte, que acaeció en Barcelona, siendo Virrey y Capitán General del Principado de Cataluña y Condados del Rosellón y Cerdaña el 20 de Marzo de 1592.

Las Ordenes Militares en la Guerra de Granada

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En los diez años que dura la contienda, las Ordenes Militares Castellanas de Santiago Calatrava y Alcántara, y la Aragonesa de Montesa, participan de una forma directa y eficaz, tal como nos muestran las crónicas de la época.

Los ejemplos de valor y dotes de mando, los tenemos en las figuras de sus Maestres, como el de Calatrava Frey Don Rodrigo Téllez Girón, que muere en el sitio de Loja, o el de Santiago, Frey Don Alonso de Cárdenas, que toma el mando de la expedición a Málaga, (Acción del barranco de la Axarquía),  y el de Alcántara que el mismo Rey Don Fernando le pone al frente de la mitad del Ejército en el sitio de Loja.

Hipólito Samper, nos relata la participación de Montesa en las conquistas de Mojácar, Vélez Rubio, Vélez. Blanco, y demás pueblos de Almería, donde el noveno Maestre Frey Don Felipe de Aragón, hijo del príncipe Don Carlos de Viana y por tanto primo del mismo Rey, va al frente de su orden, donde pelean con arrojo y bravura, y en el sitio de una de las plazas más críticas y de las mejor fortificadas como era Baza, muere de un arcabuzazo el 10 de julio de 1488.

Con la toma definitiva de Granada, cuyo quinto centenario se conmemoró el pasado 2 de enero de 1993, culminaron las gestas militares, que las Ordenes de Caballería como tales, desempeñaron en la historia de España en su lucha contra el Islam.

Unidad de España

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Al unirse las Coronas de Aragón y de Castilla, con el matrimonio de los Reyes Católicos, las luchas internas que se produjeron en Castilla con motivo de la sucesión a la Corona, continuaron por la ambición de poder que mantenían las principales casas de la Nobleza.

Territorios de las órdenes militares de los reinos ibéricos hacia finales del siglo XV
Territorios de las órdenes militares de los reinos ibéricos hacia finales del siglo XV

Con una política adecuada y mano férrea la Reina Doña Isabel consiguió un efectivo sometimiento de la Nobleza. Por otra parte, con la paz con Portugal que culminan los Reyes, se alcanza sobre los Estados de las Coronas Castilla y Aragón una paz real y verdadera, mientras que en el Sultanato de Granada existían luchas intestinas entre los Abencerrajes y los Zegríes.

La toma de la ciudad de Zahara que efectúan los musulmanes en diciembre de 1481, y la posterior revancha que realiza el Marqués de Cádiz, conquistando Alhama, en pleno corazón de Granada, el 22 de febrero de 1482, marcan el inicio de lo que fueron las guerras de Granada, que tuvieron una duración de lo años.

Conscientes y decididos los Reyes, a terminar con la Reconquista de la península, y precavidos de que fundamentalmente iba a ser una guerra de sitios, debido a la naturaleza del terreno, acometen una reforma sustancial en los sistemas y tácticas de guerra, dando lugar al nacimiento de un Ejército Moderno.

Para ello se toman las siguientes acciones:

  • – Dan especial importancia en el empleo de la Artillería, adquiriendo material de guerra, importando cañones y artilleros principalmente italianos.
  • – Crean una administración militar que permita la supervivencia de un Ejército de 70.000 hombres, en terreno limitado. Esto se traduce en una verdadera organización del apoyo logística, la cual se activa cuando se inicia una nueva campaña o fase de la guerra.

En esta organización destacan:

  • – Fabricación y adquisición de pólvoras y municiones.
  • – Creación de una Sanidad Militar, con hospitales de campaña
  • – Organización de un sistema de transportes para el abastecimiento y aprovisionamiento desde Castilla la Mancha y Extremadura.

La experiencia de la guerra, y la nueva concepción del Estado, que mantienen los Reyes Católicos, traen como consecuencia, la aparición de un Ejército único y profesional, lo cual da origen al declive en el plano militar de las Ordenes de Caballería, y será en las guerras de Granada donde estas Ordenes como tales tienen la misión de combatir en un primer plano.

Nacimiento de las Ordenes Militares

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Con el Tratado EN ALABANZA DE LA NUEVA MILICIA, que compone San Bernardo sobre 1136, a instancias del primer Gran Maestre de la Orden del Temple, Hugo de Payens, queda consagrado el concepto del monje guerrero, lo cual da origen a que muchos caballeros ingresen en esta milicia. Esta nueva orden Militar, así organizada, es aprobada por el Papa Eugenio III en 1139.

Estas primeras congregaciones de monjes soldados aparecen en Palestina, con el fervor de las primeras Cruzadas de Oriente. Cuando los Papas dan carácter de Cruzada a las guerras hispánicas contra el Islam, y debido al espíritu colonizador que el Císter induce a sus monjes, acuden a la península las ordenes Militares de Caballería del Temple, la del Santo Sepulcro y la de San Juan de Jerusalén, que combaten de forma eficaz, por cuyo motivo son recompensadas por los Reyes con grandes donaciones territoriales.

Reseñas históricas

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Forzosamente hemos de comenzar rememorando las causas del nacimiento de estas Congregaciones Religiosas que se transformaron durante el medievo en Europa, en Ordenes Militares, y que como muy bien nos dice el ilustre tratadista militar Conde de Clonard, fueron el principio y fundamento de la Caballería, y contribuyeron poderosamente a contener al Islam, que trataba de comprimir a Europa por Oriente y por Occidente.

CLUNY

Durante la Edad Media, se producen dos grandes reformas en las Ordenes Monásticas Benedictinas y estas son la reforma Cluniacense, y a la posterior reforma Cisterciense.

La nueva regla del Monasterio que fundó el abad Bernon el 11 de septiembre del año del Señor del 910, bajo los auspicios del Duque de Aquitania, y en la pequeña aldea de Cluny, no tenía en principio nada original, ya que se trataba de establecer en todo su rigor, la vieja regla de San Benito. Como principal innovación tratan de cambiar el equilibrio que tenía el monje, mediante el ORA ET LABORA, es decir la oración y el trabajo, imponiendo en su lugar, el silencio y la solemnidad en los cantos litúrgicos.

El cultivo del campo, se encomendará a colonos y siervos, y si bien el trabajo intelectual subsiste, la regla no lo recomienda de forma especial, dejando bien claro que el ideal monástico se obtiene buscando la perfección evangélica en la huida del mundo.

Hasta la llegada de esta reforma, no existía ningún tipo de coordinación en el desarrollo monástico, y cada Monasterio interpretaba las reglas a su modo. Será a partir de ahora cuando Cluny impondrá una vigilancia estricta sobre las demás fundaciones, y su Abad será frecuente visitador de los Monasterios de su influencia.

Otra faceta nueva que se introduce es la independencia monástica, para lo cual solo la Santa Sede, puede intervenir en los destinos de la Orden, sin injerencias de ningún tipo, ya sean de los Obispos de las diócesis, o del Estado.

Ha nacido por tanto una Orden Religiosa, que es la primera en la vida de la Iglesia. El desarrollo que adquiere por los reinos cristianos, es enorme, a lo cual contribuyen la gran capacidad organizativa de los primeros abades, el gran atractivo que suponía la no injerencia de poderes laicos, el apoyo de la Santa Sede, y el gozar de una situación estratégica en el mismo corazón de Europa.

EL CISTER

Hacia fines del siglo XI, Cluny tenía esparcidos por Europa cerca de diez mil monjes en numerosos monasterios. En algunos de estos existía gran opulencia y tenían grandes posesiones. Los monjes habían aceptado cargos importantes incluso el Papado, y de hecho ejercían gran influencia sobre Reyes y Emperadores cristianos.

Ante esta situación, hubo grandes intentos de reforma con predicadores que se retiraron a lugares solitarios a instituir congregaciones benedictinas para observar una regla más rigurosa.

Uno de estos monjes fue Roberto de Molesne, prior de Saint Ayoul, que con trece compañeros, eligió un lugar cercano a Dijon denominado Citeaux, dicho en latín Cistercium, para erigir un nuevo monasterio en el año 1098.

Unos años más tarde ingresa en Citeaux, el noble borgoñés Bernardo de Pontaines que junto con treinta caballeros habían decidido abrazar la vida monástico. Esta nueva reforma se estabiliza y comienza a difundirse. En 1115 este monje que llegaría a ser San Bernardo, fundó en Clairvaux, el castellanizado Claraval, un nuevo monasterio del cual seria su abad hasta su muerte.

En esta misma época son fundados los monasterios de Morimond el de La Ferté, y el de Pontigny, todos ellos cabezas de esta nueva Orden. La difusión es tan rápida que a mediados del siglo XII existían en Europa cerca de 200 abadías.

Por directa influencia de San Bernardo, la reforma cisterciense penetra en España, y desde el Monasterio de Morimond esta se difunde por Navarra, Aragón y Cataluña. En 1140 el Rey Alfonso VII ofrece al abad de L’Escaladieu una donación territorial y se establece el monasterio de Fitero.

Desde el principio esta reforma impone de nuevo el trabajo en la vida de los monjes y restaura la autonomía básica de los antiguos monasterios, con el fin de evitar la supremacía política que tenía Cluny, y para ello se reparten las áreas de influencia de cada monasterio matriz.

Como prueba de ello tendremos en la península que mientras en el Noroeste incluyendo a Portugal, los monasterios son afiliados a Claraval, en las regiones del Norte y Centro lo están con Morimond.

Se eligen territorios recién conquistados al Islam, y sin colonizar para la construcción de nuevos monasterios, con diferencia bien clara con los cluniacenses que estaban asentados principalmente en los Pirineos.

En lo referente a la espiritualidad se puede decir que el Císter se reafirma en la tradición cluniacense y continúa en la devoción a la humanidad de Cristo y en la veneración a la Virgen, impulsada principalmente por San Bernardo, de la que es su devoto por antonomasia, como muestran los grandes versos que le dedicó.

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